Luchar con la victoria y no por la victoria

Luchar desde la victoria y no por la victoria

1 Corintios 15:57
“Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Este versículo encierra una verdad poderosa para la vida cristiana: Dios ya nos ha dado la victoria en Jesucristo. Por eso, el creyente no lucha para obtener la victoria, sino que lucha desde la victoria que ya le fue concedida.

El cristiano que se esfuerza “para ganar” la victoria no está caminando conforme a la fe bíblica. La Palabra declara que Cristo es nuestra victoria. No es algo que tengamos que conquistar con nuestras fuerzas, sino algo que ya fue conquistado por Jesús en la cruz y confirmado por Su resurrección.

La victoria significa estar por encima de los problemas, las pruebas y las dificultades. Y esta victoria no se logra por nuestros esfuerzos, nuestra inteligencia, nuestro dinero o nuestros contactos. En el nivel más alto, Dios mismo es nuestra victoria.
El versículo lo dice claramente: “nos da la victoria” —es un regalo de Dios, recibido por medio del Señor Jesucristo.

Para el que ha nacido de nuevo, la victoria no es una meta futura, sino una realidad presente.
No creemos para ser victoriosos; creemos porque ya somos victoriosos en Cristo.
Luchar para obtener la victoria es una forma de incredulidad; en cambio, luchar con la victoria es la fe correcta en la era de la gracia.

La Escritura nos da otro principio clave:

Romanos 4:17
“…Dios, que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fuesen.”

Dios llamó a Abraham “padre de muchas naciones” cuando todavía no tenía ni siquiera al hijo prometido. Esto nos enseña que el lenguaje de Dios es un lenguaje de anticipación. Él declara el final desde el principio.

De la misma manera, nosotros estamos llamados a hablar conforme a la victoria que Dios ya nos ha dado. No pedimos la victoria como si aún no existiera; damos gracias por la victoria de Jesús, porque en Él ya es una realidad.

La manifestación de la victoria comienza cuando creemos que ya la tenemos. Mientras tanto, debemos alinear nuestro lenguaje, nuestra actitud y nuestra manera de pensar con lo que Dios dice de nosotros.
Dejar que Dios sea nuestra victoria es mucho más sabio que intentar pelear solos para conseguirla.

Nuestra victoria está en la obra consumada de Jesucristo. Su sacrificio perfecto y definitivo es lo que nos trae victoria por la gracia de Dios.
Ser victoriosos no es un mérito personal, es un don de Dios.


Conclusión

En Cristo no luchamos para vencer, luchamos porque ya hemos vencido. Desde esta verdad caminamos con confianza, descanso y fe, sabiendo que Aquel que ganó la victoria vive en nosotros. Cristo es la Victoria del renacido en Cristo. 

Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Curso Bíblico gratuito

Scroll al inicio