Leamos lo que dice este versículo:
“El Espíritu del Señor Dios está sobre mí,
porque me ungió el Señor para dar buenas nuevas a los afligidos;
me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón,
a proclamar libertad a los cautivos,
y a los presos apertura de la cárcel.”
(Isaías 61:1)
De este versículo profético sobre Jesús, dado en tiempos del profeta Isaías, se desprenden muchas verdades cuando lo analizamos, meditamos y comprendemos. En la Palabra escrita, es importante saber leer no solo las líneas, sino también entre líneas, dejando que la Escritura se interprete a sí misma. Dios siempre puede revelarnos verdades a partir de otras verdades. Dicho de otro modo, las verdades se encadenan y forman una unidad indivisible.
Para el momento de escribir esta reflexión, he encontrado unas 25 verdades, y seguramente tú también podrás descubrir otras más al meditar este pasaje. Toma papel y lápiz, y deja que el Espíritu Santo te hable.
Verdades que se desprenden de Isaías 61:1
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Jesús era guiado por el Espíritu Santo, que es Dios.
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Dios es el origen de Jesús; es Él quien lo envía.
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Donde estaba Jesús, allí estaba Dios.
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Jesús es el Ungido del Señor. Fue ungido para su misión y para su venida. Su unción es espiritual; ningún ser humano podía ungirlo. Venía directamente de Dios. Con nuestro nuevo nacimiento, Él mismo se convierte en nuestra unción.
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Jesús fue y es un enviado de Dios; no es el autor de su misión, sino Dios.
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Fue enviado para sanar cuerpos y almas. Nuestra sanidad forma parte del plan redentor de Dios.
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Jesús tenía y tiene poder sobre toda enfermedad.
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La enfermedad no forma parte del plan original de Dios en la creación.
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Jesús no podía estar enfermo, porque no tenía pecado.
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Jesús no solo traía buenas noticias: Él mismo es la Buena Noticia, el don de Dios para la humanidad.
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Jesús fue ungido por Dios antes de la fundación del mundo, antes de la creación. Esto muestra que fue concebido por Dios como un ser apartado para ser Su Hijo.
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Dios se interesa por nuestros corazones; no quiere que vivamos con corazones quebrantados ni con sufrimientos emocionales.
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Un corazón quebrantado tiene dificultad para conectarse con Dios, con los demás y consigo mismo; es una prisión interior.
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El corazón quebrantado refleja emociones negativas y pensamientos que producen disfunciones internas.
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La sanidad del corazón precede muchas veces a la del cuerpo.
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Jesús vino a liberar de la cautividad satánica; el diablo tiene miles de formas de producir esclavitudes.
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Jesús vino a sacarnos de nuestras prisiones interiores. Todo ser humano vive algún tipo de prisión interna; las mayores liberaciones son las que ocurren dentro.
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Dios es especialmente compasivo con los que sufren, con los afligidos y quebrantados.
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Como Padre, Dios sufre con nuestras enfermedades y dolores. Él es nuestra liberación.
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La sanidad es la voluntad de Dios. La enfermedad no es obra de Dios, sino del diablo directa o indirectamente; de otro modo, Dios no habría enviado a Jesús como sanador.
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Dios es compasivo con nuestros sufrimientos.
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Dios es el Dios de las sanidades. Él es el autor de toda sanidad, sea de origen espiritual o natural.
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Jesús vino al mundo con una misión, y entre muchas, la mayor fue hacer доступible la vida eterna por medio del nuevo nacimiento.
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La Buena Noticia central que Jesús trajo es la salvación.
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Es necesario comprender bien las palabras: proclamar, liberación, libertad y buenas nuevas, porque expresan el corazón del mensaje del Reino.
Conclusión
Isaías 61:1 nos revela el corazón de Dios manifestado en Jesús: sanar, restaurar, liberar y salvar. No se trata solo de palabras proféticas, sino de una misión viva que se cumplió en Cristo y sigue vigente hoy para todos los que creen.
Que al meditar este pasaje, el Espíritu Santo nos lleve a una comprensión más profunda de la obra redentora de Jesús en nuestras vidas.