Muchos cristianos y creyentes han crecido con la idea de que Dios desea que sus hijos vivan en la pobreza y que lo sirvan en medio de la miseria. Pero vale la pena preguntarnos: ¿qué interés tendría Dios en que sus hijos sean miserables y mendigos? ¿Puede un Padre amoroso complacerse en ver a sus hijos carecer de lo necesario?
La pobreza como estilo de vida no es el mensaje central de las Escrituras. La Biblia nos enseña equilibrio: por un lado, no debemos buscar el dinero por caminos injustos ni por medios que no agradan al Señor; pero, por otro lado, tampoco debemos permitir que el enemigo nos robe lo que nos corresponde como criaturas y como hijos de Dios. Vivir en escasez permanente no glorifica a Dios. Las riquezas de Dios son nuestras riquezas.
Jesús fue muy claro al describir la obra del enemigo:
Juan 10:10a — El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir.
El diablo busca robar la paz, la esperanza, la salud, las oportunidades y también los recursos que Dios pone a nuestra disposición. Su objetivo es mantener al creyente en derrota y dependencia. El diablo roba las riquezas de Dios en tu vida. Roba las cosas que Dios nos destinó.
Pero gracias a Dios, ese no es el final del mensaje. Jesús continúa diciendo:
Juan 10:10b — Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Jesús vino para darnos una vida abundante en todo sentido: espiritual, emocional, mental y también en lo material. Él mismo es nuestra ABUNDANCIA. Por eso, toda mentalidad de pobreza que nos hace creer que no merecemos nada bueno de parte de Dios va en contra de las Escrituras. Esa forma de pensar no proviene de la fe, sino de la ignorancia espiritual y de creencias negativas que limitan lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas.
No se trata de amar el dinero ni de poner las riquezas por encima de Dios, sino de entender que Dios es un Padre proveedor y que desea que sus hijos vivan con dignidad, sin temor constante a la falta.
Jesús nos recuerda quién es Él para nosotros:
Juan 10:11 — Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por sus ovejas.
Un buen pastor cuida, protege y provee para sus ovejas. No las abandona al hambre ni al peligro. De la misma manera, Jesús, que dio su vida por nosotros, no nos deja desamparados.
El apóstol Pablo afirma con seguridad:
Filipenses 4:19 — Y mi Dios suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Dios no suple según nuestra escasez, sino según Sus riquezas en gloria. Esto nos invita a confiar en Su fidelidad y a descansar en que Él conoce nuestras necesidades antes de que se las pidamos.
El salmista también declara:
Salmo 34:9 — Temed al Señor, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen.
Cuando vivimos en reverencia y obediencia a Dios, podemos estar seguros de que no nos faltará lo necesario. Puede que no siempre tengamos todo lo que deseamos, pero Dios promete suplir lo que realmente necesitamos para cumplir Su propósito.
Por eso, es tiempo de revisar nuestra manera de pensar. Dios no nos llamó a una vida de miseria, sino a una vida de fe, confianza y provisión bajo Su cuidado. Rechacemos la mentalidad de pobreza y abracemos la verdad bíblica: somos hijos de un Padre rico en misericordia y en recursos.
Meditemos en Su Palabra, fortalezcamos nuestra fe y aprendamos a recibir lo que Él, por amor, desea darnos.
Que Dios nos bendiga abundantemente.
Dr. Apollinaire D.