El primer versículo de la Biblia encierra una verdad profunda que muchos creyentes leen, pero pocos se detienen a meditar en su esencia:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)
Este versículo no es solo el inicio del relato de la creación, sino también una declaración fundamental sobre quién es Dios y el lugar que debe ocupar en nuestra vida. Dios existe antes de todo lo creado. Él no surge con la creación, sino que la precede. Por eso, podemos entender Génesis 1:1 de esta manera:
Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra.
No es casualidad que la Biblia, la Palabra de Dios, comience mencionando el nombre de Dios. Antes que cualquier cosa exista, Dios ya es. Antes que haya luz, tierra, vida o tiempo, Dios está. De siempre, Dios Es.
El nombre con el que Dios se revela en este versículo es Elohim, un nombre que expresa Su poder creador, Su grandeza y Su autoridad soberana. Así, podríamos leer:
Elohim, en el principio, creó los cielos y la tierra.
Génesis 1:1 también nos habla de “los cielos” en plural y de “la tierra” en singular. Más adelante en la Escritura encontramos la expresión “los cielos de los cielos”, lo que sugiere distintos niveles o dimensiones celestiales. En cambio, la tierra aparece como única, destacando su lugar especial en el cosmos como el escenario donde Dios manifiesta Su plan para la humanidad.
Este versículo nos recuerda que Dios es antes de todas las cosas. Nadie puede crear algo que le anteceda. Él es el Primero, el Origen, el Principio de todo. Por eso la Biblia lo llama el Alfa. Todo comienza en Él y todo encuentra en Él su sentido.
Poner a Dios en primer lugar significa reconocer que nada ni nadie puede ocupar el lugar que solo a Él le pertenece. Cualquier ser, idea, ambición o sistema que intente reemplazar a Dios en nuestra vida se convierte en una usurpación. Eso es precisamente lo que el diablo busca: desviar la adoración y la confianza que solo Dios merece.
Hoy más que nunca, estamos llamados a volver a lo esencial:
dejar que Elohim sea el Primero y el Único en nuestra vida.
Que nuestros planes, decisiones, prioridades y sueños estén alineados con Él.
Y junto con Él, honremos también a Su Hijo Jesucristo, a quien Dios ha puesto como Señor y Salvador, para reconciliarnos con Él y guiarnos al propósito eterno.
Conclusión
Génesis 1:1 no es solo una frase histórica; es una invitación diaria a vivir con Dios en el centro. Cuando ponemos a Dios en primer lugar, todo lo demás encuentra su lugar correcto. La vida se ordena cuando el Creador ocupa el trono de nuestro corazón.
Que Elohim sea siempre el Primero en tu vida.