Isaías 35:1
“Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como el narciso.”
Reflexión: Dios, el Dios del desierto
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Dios es el Dios del desierto. Tiene el poder de transformar nuestro desierto en una vida productiva, plena, útil y fecunda.
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El desierto, en sentido bíblico, representa la aparente ausencia de la presencia de Dios. Puede ser interior o exterior, y muchas veces ambos se combinan.
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A menudo, el desierto es el preludio de una vida abundante. Saber pasar por el desierto es una gracia que Dios concede.
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Jesús mismo pasó por el desierto. Su cruz fue un desierto. Su arresto fue un desierto. Su traición fue un desierto. Cada etapa difícil formó parte de su misión.
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Si perdemos la verdad del desierto, se hace difícil alcanzar la verdadera victoria.
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El desierto es el tiempo para mantener en lo más alto nuestra fe en la bondad de Dios y en Su abundancia.
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Incluso en el desierto, Dios nos ama. Su amor no fluctúa. Jesús, aun en el desierto físico durante la tentación, sabía que Dios estaba allí y que Dios estaba en Él.
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Visto desde otro ángulo, el desierto es una oportunidad para crecer, no un problema sin solución.
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El desierto es un paréntesis hacia una vida triunfante.
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Aun en el desierto, Dios puede hacer florecer lo que parece imposible, como declara la segunda parte del versículo.
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Isaías 35:1 también nos muestra que la soledad es una forma de desierto. Debemos aprender a manejar nuestra soledad, física o espiritual.
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El desierto no asusta a Dios. Por eso, no debemos ceder al miedo mientras lo atravesamos.
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El desierto puede formar parte del plan de Dios para tu vida. Aceptarlo como un medio y no como el fin es la clave para vivirlo correctamente.
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Todos los hombres y mujeres de Dios, tarde o temprano, pasan por un desierto espiritual.
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Una clave de este versículo es mantener el gozo y la alegría en el desierto. Esto implica controlar nuestras emociones. Si las emociones se destruyen, el diablo triunfa; pero cuando las dominamos, activamos la presencia de Dios.
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El desierto no es el final. Aunque el enemigo intente imponerlo, tenemos el poder en Dios de convertirlo en un tiempo y no en una eternidad.
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Reconocemos que el desierto puede venir del diablo, pero Dios tiene poder absoluto sobre el desierto.
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Dios, el Dios del desierto, significa: el Dios que tiene poder sobre todo tipo de desierto: financiero, espiritual, físico, mental, emocional, etc.
Otras verdades bíblicas sobre el desierto
Isaías 29:17
Dentro de poco tiempo, el Líbano se convertirá en campo fértil, y el campo fértil será estimado como bosque.
Isaías 32:15-16
Hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu desde lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque…
Isaías 40:3
Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
Isaías 51:3
Porque el Señor consolará a Sion… convertirá su desierto en Edén, y su soledad en huerto del Señor; se hallará en ella gozo y alegría, acción de gracias y voz de cántico.
Isaías 52:9-10
Prorrumpid juntas en alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo; ha redimido a Jerusalén…
Ezequiel 36:35
Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto de Edén…
Isaías 55:12-13
Porque con alegría saldréis y con paz seréis conducidos…
Isaías 61:10-11
En gran manera me gozaré en el Señor… porque me vistió con vestiduras de salvación…
Isaías 27:6
Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá e Israel brotará, y llenará de fruto la faz del mundo.
Isaías 35:6
Porque aguas brotarán en el desierto, y torrentes en la soledad.
Isaías 41:18-19
Abriré ríos en las alturas… convertiré el desierto en estanques de aguas…
Isaías 43:19
He aquí que yo hago cosa nueva… pondré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
Conclusión
El desierto no es abandono, es escuela. No es castigo, es proceso. No es el fin, es el camino hacia la manifestación de la gloria de Dios. El Dios que permite el desierto es el mismo que hace brotar ríos en él. Dios es el Dios de la conversión, de la transformación, del cambio.
Que Dios nos bendiga.
Dr. Apollinaire.