La oración: un principio fundamental del cristianismo
La oración es un gran principio del cristianismo. A través de la oración tenemos la posibilidad de comunicarnos con Dios, el Dios Creador. Debemos darnos cuenta de que Jesucristo fue un hombre de oración. Él oraba a Dios; Dios era la base y el sentido de su vida y de su misión.
La oración nos coloca en el corazón de Dios. La oración es un proyecto espiritual. Únicamente debes orar a Dios verdadero. Orar correctamente es estar haciendo la voluntad de Dios.
Lucas 6:12
En aquellos días, Jesús fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Principios sobre la oración
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Orar únicamente a Dios. Dios es el único destinatario de la oración. Él ama recibir nuestras oraciones.
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Orar en el nombre de Jesucristo. Es por causa de Él que Dios nos escucha y nos bendice.
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Orar con la Palabra escrita de Dios. La Biblia está llena de promesas y realidades espirituales que debemos apropiarnos.
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La oración es la aplicación verbal de la ley de la fe. Lo que creemos, lo expresamos delante de Dios.
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Saber que Dios recibe y escucha tu oración. No oras al vacío; oras a un Padre que oye.
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Orar en todo tiempo. No solo en momentos difíciles, sino como estilo de vida.
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Orar en lenguas, para los que han nacido de nuevo. Es una oración espiritual.
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Combinar la oración con el entendimiento y la oración en lenguas. Ambas se complementan.
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Orar es hablar a Dios y hablar con Dios. Es diálogo, no monólogo.
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La oración es la Palabra de Dios en tu boca. Es declarar Sus verdades sobre tu vida.
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No hay oración sin la Palabra de Dios. Toda la Escritura es material para orar; podemos orar con cualquier versículo.
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Orar sin fe no sirve de nada. La fe es el fundamento de la oración eficaz.
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Orar con un corazón sincero y humilde. La falta de sinceridad anula el efecto de la oración.
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Orar con amor. No podemos obligar a Dios; nos acercamos a Él como hijos amados.
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Orar al menos dos veces al día. Hacer de la oración una disciplina espiritual.
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Vivir en santidad: “la oración del justo” tiene poder.
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Orar por las cosas de Dios: “Santificado sea tu nombre, venga tu reino.”
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Orar por la Palabra de Dios, para que se extienda en el mundo y en el corazón de las personas.
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Orar contra el enemigo: “Líbranos de todo mal.” El diablo teme las oraciones dirigidas contra él.
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Disfrutar de la oración. Hacer de ella un deleite, no una obligación.
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La oración no es una carga, es una oportunidad espiritual.
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Es el teléfono inalámbrico con Dios, en todo tiempo, lugar y circunstancia.
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Puede ser silenciosa o expresada en voz alta. Dios escucha ambas.
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Dios abre puertas a través de tu oración.
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Orar es abrir las puertas de tu vida a Dios.
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Orar es permitir que Dios manifieste Su voluntad en ti. La oración activa Su obrar y nos hace responsables delante de Él.
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Orar por los demás es ayudarlos en el plano espiritual y también en el material.
Conclusión
La oración no es solo un acto religioso, es una relación viva con Dios. Es el lugar donde somos transformados, fortalecidos y alineados con Su voluntad. Cuando oramos, invitamos a Dios a intervenir en nuestra vida y en la vida de los demás.
Que Dios nos bendiga.
Dr. Apollinaire.