No estudiamos la Biblia para encontrar versículos
que confirmen aquello que previamente hemos decidido creer.
Procuramos hacer justamente lo contrario.
Estudiamos las Escrituras y permitimos que sean
ellas las que examinen nuestras conclusiones.
Para ello es necesario respetar el contexto,
identificar quién habla, reconocer a quién se dirige
un pasaje, distinguir los diferentes momentos
de la revelación bíblica y comparar Escritura con Escritura.
No queremos que la Biblia se adapte
a nuestras creencias.
Queremos que nuestras creencias
se ajusten a la Biblia.