El privilegio de enseñar la Palabra de Dios

El privilegio de enseñar la Palabra de Dios

Dr. Apollinaire D.
7 de junio de 2017

2 Timoteo 3:16–17
“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Enseñar la Palabra de Dios no es una actividad cualquiera. Es un privilegio sagrado y, al mismo tiempo, una gran responsabilidad espiritual. No se trata simplemente de transmitir información bíblica, sino de ser un instrumento en las manos de Dios para comunicar vida, verdad y dirección a otros.

La Biblia no es un libro humano: es inspirada por Dios. Por eso, cuando alguien enseña la Escritura, está manejando algo que procede directamente del corazón de Dios. Enseñar la Palabra es participar en la obra de Dios mismo, cooperar con Él para formar, corregir, edificar y preparar a Su pueblo.

Desde el principio hasta el fin de la Biblia, vemos que Dios llama a hombres y mujeres para escuchar Su voz y transmitir Su mensaje. Quien enseña la Palabra no habla en nombre propio, sino como portavoz de lo que Dios ya ha revelado.

Enseñar la Palabra no es para exaltarse a uno mismo, sino para exaltar a Cristo, edificar a los creyentes y guiar a las personas hacia la verdad que libera.


📖 Un llamado constante en la Escritura

A lo largo de la Biblia, encontramos este énfasis:

Hechos 5:41–42
“…no cesaban de enseñar y anunciar la buena nueva de Jesucristo.”

Lucas 21:37
“Durante el día Jesús enseñaba en el templo…”

2 Timoteo 4:2
“Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo…”

Hechos 20:20
“No he rehuido anunciaros y enseñaros…”

Deuteronomio 4:5
“Yo os he enseñado estatutos y decretos…”

Colosenses 1:28
“…a quien anunciamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría…”

Marcos 4:34
“…a sus discípulos les explicaba todo en privado.”

Jesús mismo fue, ante todo, un Maestro. Los apóstoles continuaron Su obra. La Iglesia nació y creció alrededor de la enseñanza de la Palabra.


🗝️ Qué implica enseñar la Palabra

Enseñar la Palabra significa:

  • comunicar lo que hemos recibido de Dios,

  • explicar con claridad la verdad bíblica,

  • exhortar, corregir y animar con amor,

  • guiar a otros hacia una vida conforme a la voluntad de Dios.

Como dijo Pablo:

1 Corintios 15:3
“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí…”

Y también:

1 Corintios 11:23
“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado…”

El verdadero maestro de la Palabra no inventa el mensaje: lo recibe y lo transmite fielmente.


⚠️ Una responsabilidad delante de Dios

Dios mismo dijo al profeta:

Ezequiel 3:17
“Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya…”

Ezequiel 33:7–9

El que enseña es como un atalaya espiritual: vigila, advierte, protege y guía. No puede callar por temor ni por comodidad. Callar la verdad es faltar a la responsabilidad dada por Dios.


Un gozo y un honor

Aun en medio de persecución, los apóstoles se alegraban de ser dignos de sufrir por enseñar el nombre de Jesús (Hechos 5:41).
Eso nos muestra que enseñar la Palabra no solo es un deber, sino un honor.

Salmo 40:9–10
“He anunciado justicia en grande congregación… no he encubierto tu justicia dentro de mi corazón.”


🧠 Conclusión

Enseñar la Palabra de Dios es:

  • un privilegio divino,

  • una misión santa,

  • una responsabilidad eterna.

No todos tienen el mismo don para enseñar, pero todos estamos llamados a honrar, amar y apoyar a quienes Dios ha levantado para esta tarea. Y quienes enseñan deben hacerlo con humildad, fidelidad y temor de Dios.

Que todo el que enseñe pueda decir como Pablo:
“No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.”


Bendiciones.
Dr. Apollinaire.

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