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El Dios de las riquezas

Jesús vino para darnos una vida abundante en todo sentido: espiritual, emocional, mental y también en lo material. Él mismo es nuestra ABUNDANCIA. Por eso, toda mentalidad de pobreza que nos hace creer que no merecemos nada bueno de parte de Dios va en contra de las Escrituras. Esa forma de pensar no proviene de la fe, sino de la ignorancia espiritual y de creencias negativas que limitan lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas.